Sueños Luciano Pulgar

Los Sueños de Luciano Pulgar

José Camacho Carreño fue quien en octubre de 1922 animó al señor Suárez para que escribiera en forma de diálogo unos artículos que serían publicados en un periódico capitalino. El Nuevo Tiempo, que en otros tiempos había apoyado sus ejecutorias.

En 1921 don Marco había escrito un opúsculo que tituló “Honores y Deshonra”, en el que explicaba las razones que había tenido para vender sus sueldos de Presidente. Esta venta le había acarreado una acusación de indignidad ante la Cámara de Representantes. Sin capacidad parlamentaria para defenderse, don Marco había escrito su defensa que hizo imprimir en el taller tipográfico de los padres salesianos. El folleto fue robado de la imprenta antes de que el señor Suárez lograra su publicación. Los ladrones divulgaron fragmentos distorsionados de los documentos, ilustrados con caricaturas del autor y llenos de errores. Luego los fijaron en las paredes de la ciudad para pesadumbre de don Marco que no pudo informar a sus conciudadanos las razones de su conducta, que juzgaba legítima.

Pero, frustrado su deseo de publicar el folleto, sintió que solamente le quedaba el recurso de unos artículos periodísticos en los que no solo defendiera su obra de gobierno, sino también se discutieran temas de actualidad y algo de gramática, se narraran las vidas de ciudadanos ilustres y acontecimientos notables para hacerlos más amenos y atractivos.

Nacieron, pues, los Sueños de Luciano Pulgar de ese deseo de justificación de don Marco, pero también de su intención de compartir el cúmulo de conocimientos e impresiones que había atesorado en años de lecturas y meditaciones.

La forma del diálogo se presta a la maravilla para un ejercicio dialéctico: pueden hacerse preguntas y esperar respuestas que vivifiquen y amenicen materias que de otra forma podrían ser difíciles. Hay discusión y contraposición de ideas. Pero no siempre logra Suárez un diálogo verdadero: no hay caracterización real de los interlocutores y no se encuentra un estudio psicológico de los personajes. Se podría decir, con mayor exactitud, que es un monólogo, largamente meditado en el que las preguntas de los amigos son solo el pretexto para que Luciano hable de lo que tiene en su mente y en su corazón. No hay pintura de la personalidad de sus amigos, no hay profundidad en la descripción de caracteres y todos hablan en el mismo tono, pero en cambio encontramos descripciones del paisaje colombiano de sobrecogedora hermosura, disquisiciones filosóficas de gran profundidad, y muy amenas narraciones de las aventuras y desventuras de Luciano Pulgar. Los temas políticos están tratados con gran detalle lo mismo que los lugares que recorrió en su larga vida.

Dice Antonio Fernández Martínez: “Evoca al mismo tiempo el acento de una palabra de abolengo épico que el matiz nostálgico de una voz indígena; tanto se conmueve con el oscuro suceso de una crónica medieval como con el hecho bárbaro, cruel y público de una crónica de su propio tiempo”.

El primer Sueño aparece publicado el 11 de marzo de 1923. Su interlocutor es don Sergio Arboleda, que habla bajo el nombre de don Julián de Jovellanos. Don Marco se llama a sí mismo Luciano Pulgar mezclando el recuerdo del gran Luciano de Samosata con el de Pulgarcito, el pequeño personaje de los cuentos de Perrault.

Los Sueños muestran un claro y preciso pensamiento, una tersura en la prosa que los hace una delicia. Un estilo que recurre a giros sugerentes y modernos y una escogencia de los temas que los hace interesantes para todo el público. Sus descripciones de viajes, llenos de humor y picardía, sorprenden en un autor que podría pensarse como severo y solemne. Todo ello salpicado de minucias gramaticales y recuerdos históricos.

Don Marco se refiere a sus benefactores amigos y conocidos con cariño o deferencia. Pero a sus enemigos les pone apodos alusivos a su carácter o sus actividades y jamás los llama por su nombre o apellido. Esa costumbre impide que los lectores actuales descifren el sentido de las alusiones y entiendan a cabalidad los acontecimientos a los que se refiere. Los Sueños eran artículos de actualidad que leían personas enteradas del diario vivir y de la idiosincrasia de los protagonistas, pero ochenta años más tarde hace falta un exegeta que ayude a descifrar la adivinanza.

A Laureano Gómez lo llama “Licisca, la fiera más terrible del  género de los canes, que en luna creciente es liberal, en enguante parece republicana y en todo tiempo es lunática y más atrevida que don Quijote”. A sus enemigos políticos Alfonso López Pumarejo, Luis Cano y José Vicente Concha los llama “Las euménides” y para referirse a El Tiempo, diario que lo ha criticado siempre, dice: “Yo, para saber cómo estoy, en vez de acudir al pulso y al averiado corazón, acudo al dios o diablo Saturno, que madruga caballero en aeroplano de papel”.

Sus interlocutores son Grocio, quien personifica al historiador José Manuel Groot y Nonio que es su admirado Rafael Núñez. Pero su amigo más constante es Justino, quien representa a don Urbano Ruiz, su antiguo condiscípulo del Seminario de Medellín. Inicialmente Suárez no aspira a publicar sino unos pocos Sueños; los suficientes para lograr su propósito de justificarse y defender su obra. Pero los artículos tuvieron gran éxito pues tocaban temas apasionantes y aludían a personajes de la política y la cultura; eran, por lo tanto, esperados con interés tanto por la belleza de su estilo como por los dardos que disparaba con puntería extraordinaria. Así que resuelve seguir soñando, dando rienda suelta a su erudición, a los recuerdos de su larga vida y al catálogo de sus afectos.

Todos los autores están de acuerdo en que la pluma de don Marco se solazaba en la descripción implacable de las fallas y errores de sus enemigos y en la afilada ironía, siempre demoledora.

En 1925 la Editorial Minerva publica el primer tomo de los Sueños y en los años siguientes se publican siete más, hasta el año 1927 cuando muere el señor Suárez. En 1938 la Academia Colombiana publica el tomo octavo, impreso en la Imprenta Nacional y prolongado y corregido por don Eduardo Guzmán Esponda. En 1940 la Librería Voluntad publica la colección completa, recogida en doce tomos.

Desde el año 1958 y hasta 1980 el Instituto Caro y Cuervo publica tres volúmenes en los que recoge los “Escritos Varios” y los cinco primeros tomos de los “Sueños”, anotados minuciosamente por el Padre Joaquín Ortega Torres y por su hermano el doctor Jorge Ortega Torres. Nuestro querido y recordado Horacio Bejarano Díaz completa el grupo de investigadores que anotan los escritos de Suárez añadiéndole una carga de erudición, precisión y detalle. Estas notas, indispensables para el entendimiento y disfrute de los Sueños son en sí mismas documentos de asombrosa erudición.

La belleza de la prosa de Suárez, su gracia y fluidez hacen que su lectura sea un deleite y una enseñanza. Solo me falta recomendarles que se dejen tentar por sus pintorescas narraciones, por sus lúcidas divagaciones históricas, por el encanto de sus palabras viejas y nuevas y entren en un mundo maravilloso.